Dos años sin AVE entre Barcelona y Madrid: un escenario inasumible
Un eventual cierre del principal corredor ferroviario entre ambas ciudades afectaría al turismo, los viajes de negocios y la movilidad de miles de personas, con consecuencias que irían mucho más allá de una simple afectación ferroviaria
La posibilidad de suspender durante hasta dos años la circulación de trenes de alta velocidad entre Barcelona y Madrid, planteada por el ministro de Transportes, Óscar Puente, abre un escenario de gran impacto para Cataluña. Más allá de las obras de renovación de la infraestructura y de la necesidad de mejorar su fiabilidad, interrumpir por completo una conexión de esta importancia supondría un perjuicio difícilmente asumible para el conjunto de la actividad económica y social.
El corredor Barcelona-Madrid es una infraestructura clave para la movilidad entre los dos principales centros económicos del Estado. En él operan Renfe, Ouigo e Iryo, con servicios que conectan ambas ciudades y las poblaciones intermedias. Un cierre prolongado obligaría a buscar alternativas de transporte y afectaría tanto a los desplazamientos profesionales como a los viajes personales, las conexiones con eventos y la actividad de las empresas que dependen de una comunicación rápida entre Cataluña y Madrid.
El avión, incapaz de asumir el tráfico del tren
El corredor de alta velocidad entre Barcelona y Madrid se mueve actualmente en una cifra de unos 14,6 millones de viajeros anuales, incluyendo tanto los trayectos directos como los que realizan paradas intermedias. Concentra aproximadamente el 32% del total de pasajeros de alta velocidad en todo el país. El avión y transporte por carretera de viajeros no podría absorber este volumen de viajeros.
El sector turístico sería uno de los perjudicados. La alta velocidad facilita las escapadas urbanas, los viajes de fin de semana, los desplazamientos de visitantes y los viajes vinculados a ferias, congresos y reuniones profesionales. La desaparición temporal de esta conexión podría restar competitividad a Barcelona y a los destinos catalanes que reciben visitantes procedentes de Madrid, al tiempo que complicaría los desplazamientos de los residentes catalanes hacia la capital española.
El ministro ha apuntado que un cierre permitiría ejecutar las obras con mayor rapidez que si se mantuviera el servicio, una fórmula que en España se ha priorizado hasta ahora para compatibilizar la circulación y los trabajos. Pero la agilidad en la ejecución no puede ser el único criterio para valorar una decisión de esta magnitud: también hay que considerar el coste que tendría para los usuarios, las empresas y los territorios afectados. El presidente de la Generalitat ya ha rechazado que esta opción sea aceptable. La modernización de la infraestructura es necesaria, pero el reto es hacerla compatible con el mantenimiento de un servicio esencial.



