Barcelona-Ibiza o Niza-Córcega: las rutas cortas donde el avión eléctrico podría tener sentido
La aviación eléctrica busca su espacio en las conexiones regionales de corta distancia, especialmente en aquellos trayectos en los que el tren no ofrece una alternativa directa o competitiva. Las limitaciones actuales de las baterías hacen poco realista pensar en aviones eléctricos para grandes distancias, pero los proyectos que se están desarrollando en Europa apuntan precisamente a este nicho.
La Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) ya trabaja en la regulación de los aviones con propulsión eléctrica e híbrida, mientras que la propia agencia señala que el peso de las baterías continúa siendo uno de los principales obstáculos para la aviación regional. Paralelamente, un proyecto europeo con participación de EASA estudia aviones híbridos de hasta 50 pasajeros con el objetivo de alcanzar su entrada en servicio entre 2035 y 2040.
Los primeros aparatos serían mucho más pequeños. La empresa alemana VÆRIDION trabaja en un avión eléctrico de nueve plazas y unos 400-550 kilómetros de autonomía, con el primer vuelo previsto para 2027 y la entrada en servicio en 2030, según el Banco Europeo de Inversiones. Con este radio, conexiones como Barcelona-Ibiza, Niza-Córcega, Roma-Cerdeña o Atenas-Santorini podrían encajar, sobre el papel, en el tipo de mercado que busca esta tecnología, especialmente en territorios insulares o conexiones regionales sin una alternativa ferroviaria.
El potencial para Cataluña es interesante, pero todavía está lejos de ser una realidad consolidada. Barcelona podría actuar como punto de conexión con destinos insulares o ciudades del entorno mediterráneo donde el tren no es una opción. Sin embargo, los costes, la capacidad limitada, las infraestructuras de recarga y, sobre todo, la evolución de las baterías determinarán si estos aviones pueden llegar a ser una alternativa real. La aviación eléctrica, por tanto, no parece destinada a competir con el AVE en trayectos donde el tren es eficiente, sino a cubrir aquellos espacios de conectividad regional que el ferrocarril no puede asumir.



