Preocupación por cómo la nueva oleada de amenazas de bomba ha dejado en evidencia la fragilidad del sistema aéreo europeo
Una treintena de vuelos han recibido avisos falsos de bomba en pleno trayecto, con desvíos, aterrizajes en bases militares y escoltas de cazas; Bruselas pide más coordinación para prevenir nuevos episodios

El sistema aéreo europeo vuelve a estar en alerta tras una nueva tanda de falsas amenazas de bomba que ha afectado a una treintena de vuelos. Los avisos, recibidos cuando los aviones ya estaban en pleno trayecto, han obligado a activar protocolos de seguridad, desviar aeronaves y, en algunos casos, hacerlas aterrizar en bases militares o escoltarlas con aviones de combate. El episodio llega pocos días después de la primera oleada que ya explicamos en Comunicatur, cuando siete vuelos recibieron amenazas en un solo día y se contabilizaron nueve incidentes aéreos en una semana.
Entre los casos de esta nueva alerta figura un avión que cubría la ruta Dublín-Roma y que acabó aterrizando en una base militar francesa en Normandía. Otro aparato que volaba de Helsinki a Roma llegó al aeropuerto de Fiumicino escoltado por dos cazas del ejército italiano. Según la información difundida, tres de los vuelos afectados tenían origen o destino en Madrid.
La Comisión Europea ha expresado su preocupación y reclama más coordinación entre los Estados miembros y la Agencia de Seguridad Aérea de la Unión Europea para prevenir nuevos episodios e investigar quién está detrás. Las autoridades consideran que estos hechos ponen de manifiesto la vulnerabilidad de las infraestructuras y de los sistemas digitales que sostienen servicios esenciales. La capacidad de una amenaza sin ningún explosivo real para alterar la operativa de decenas de aviones evidencia hasta qué punto el sistema puede quedar condicionado por este tipo de alertas.
Los incidentes se enmarcan también en una semana marcada por otros ciberataques contra servicios e infraestructuras de diversos países europeos. Bruselas alerta del riesgo de que estas acciones formen parte de una estrategia de guerra híbrida, basada en ataques digitales y amenazas que buscan desestabilizar servicios críticos sin recurrir a una agresión militar convencional.
Una oleada de amenazas de bomba pone en alerta el tráfico aéreo en Europa



