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Morir de éxito. Barcelona cuestiona el turismo

The Telegraph sitúa a la capital catalana como la mejor ciudad del mundo y el Ayuntamiento explica que controlará el turismo de la ciudad

Barcelona no tiene claro cómo gestionar su éxito turístico y una vez pasada la pandemia vuelve el miedo a la masificación y a la congestión de la ciudad por parte de los turistas.

Los grupos políticos del consistorio han aprobado medidas para combatir algunos efectos negativos del turismo en el denominado “Plan verano”. Con este nombre, el Ayuntamiento muestra su recelo sobre la actividad turística y en cierta forma estigmatiza al sector cuando el plan simplemente pretende aprobar limitaciones a los grupos con guía que circulan por la calle o perseguir el alojamiento ilegal.

El mismo día que The Telegraph Travel ha elegido a Barcelona como la mejor ciudad del mundo, el ayuntamiento ha anunciado que antes de julio regulará el turismo para intentar acabar con las molestias que ocasionan los turistas. La Semana Santa ha traído ocupaciones altas y las empresas de restauración, comercios y hoteles han visto con esperanza la campaña de verano. Pero en paralelo, los representantes municipales quieren marcar perfil visualizándose como personas preocupadas por la llegada de nuevo de los turistas.

El grupo de ERC ha impulsado el plan que se ha aprobado con los votos a favor de los dos grupos que gobiernan la ciudad: Comunes y PSC. El concejal Ernest Maragall de ERC ha sido claro en la intencionalidad de las medidas que impulsa su partido: «una ciudad con turismo, sí, pero que no dependa del turismo».

El sector privado está trabajando para recuperar el turismo y activar los negocios y piden el acompañamiento del sector público. Recientemente, el Ayuntamiento de Barcelona anunciaba con entusiasmo que sería la sede de la Copa América de vela, también apoyaba la candidatura de los Juegos Olímpicos de invierno, una línea aplaudida por el sector. Ahora, el miedo manifestado por el consistorio preocupa al empresariado que ven cómo los representantes públicos identifican el turismo como problema y no como un activo económico para la ciudad.

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