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Mercados

Así impacta la caída del turismo ruso en el litoral catalán

La guerra en Ucrania coloca al mercado emisor en una situación que complica las expectativas de destinos de costa

Hasta ochocientos mil visitantes procedentes de Rusia llegaron a Cataluña durante el 2019 y realizaron un gasto del orden de los mil cien millones de euros. En 2022, año de recuperación de los mercados emisores internacionales tras el parón de la pandemia, no podrá contar con la reactivación de los turistas rusos ni ucranianos.

Aunque en realidad las previsiones para 2022 de este mercado, antes de la guerra, eran aún muy restrictivas. Según datos de Turespaña, “los asientos programados desde el 27 de febrero al 31 de diciembre de 2022 desde Rusia a España se limitaban a algo menos de 168.000 plazas, un 85% menos de lo programado en 2019”.

En la provincia de Tarragona, en años prepandemia, los visitantes rusos suponían cerca del 18% de las pernoctaciones hoteleras y en la Costa Brava y Barcelona el porcentaje era del 7%.

Las administraciones ya han anunciado planes para mitigar la caída de turistas rusos. La Costa Dorada es la más afectada debido a su alta concentración de este tipo de cliente. “Cataluña es una de las comunidades autónomas que sufrirá un mayor impacto por la pérdida de visitantes rusos y, especialmente, el destino Costa Daurada, dónde el 18% de las pernoctaciones hoteleras en 2019 fueron de residentes rusos”, apunta Turespaña.

Muchos establecimientos en la costa catalana han tenido una alta dependencia de este cliente y ahora deben apresurarse a diversificar la procedencia de sus huéspedes. El monocultivo turístico del visitante ruso se ha manifestado ya como un grave error. Los que han tenido exclusividad de operadores rusos durante muchos años han disfrutado de abundancia y negocio, pero es que la realidad es radicalmente diferente. Rusia es un país ciertamente inestable, económico y políticamente.

Varios ejemplos de la fluctuación y volatilidad de este mercado emisor de turismo en la última década: la constante quiebra de los turoperadores de aquel país durante los últimos años que ha dejado pufos en la intermediación turística; devaluaciones de moneda y crisis económicas internas que multiplicaron los precios de los destinos provocando un descenso drástico de la llegada de turistas; las políticas del Kremlin de incentivo al turismo interior para evitar la salida de divisas vía turismo; la apuesta por la vacuna covid Sputnik no reconocida por la Agencia del Medicamento y el consiguiente bloqueo de los viajeros inoculados con ella, y ahora provocando el inicio de una invasión y guerra en el mismo continente europeo.


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