Venecia y Barcelona lideran la escalada de las tasas turísticas en Europa
La guerra fiscal contra algunos turistas se intensifica: tasas de hasta 50 euros para frenar determinados visitantes

Los principales destinos turísticos europeos están entrando en una nueva fase de gestión de los flujos turísticos: utilizar tasas cada vez más elevadas no solo para recaudar, sino también para disuadir a determinados tipos de visitantes. Las propuestas impulsadas recientemente en Venecia y Barcelona reflejan una tendencia que gana fuerza en ciudades sometidas a una elevada presión turística.
En Italia, el nuevo alcalde de Venecia plantea elevar hasta 50 euros la tasa de acceso a la ciudad en jornadas de máxima afluencia, multiplicando por diez el importe actual. El objetivo es reducir el volumen de excursionistas de un día, un segmento que las autoridades consideran que genera una elevada presión sobre el espacio urbano con un retorno económico limitado.
Barcelona avanza en una línea similar. El acuerdo político alcanzado en el Parlamento de Cataluña permitiría elevar hasta 30 euros la carga fiscal de los cruceristas que solo permanecen unas horas en la ciudad. Los defensores de la medida argumentan que estos visitantes consumen intensamente servicios públicos y contribuyen a la masificación, mientras que el sector turístico alerta del riesgo de perder competitividad frente a otros puertos mediterráneos.
La industria turística observa con preocupación esta evolución. Diversas organizaciones empresariales advierten de que las tasas concebidas con fines disuasorios pueden acabar alterando el sistema económico. La fiscalidad se está convirtiendo en una herramienta para seleccionar qué turistas son bienvenidos y cuáles no.



