La hostelería es el sector más vulnerable y desatendido en la pandemia

La restauración ha terminado pagando el precio más alto en esta segunda oleada de Covid-19. Aunque los contagios se están produciendo en las reuniones familiares y en los domicilios particulares, ante la incapacidad de la administración para controlar cómo actúa la gente en su ámbito privado le ha sido más fácil cerrar bares y restaurantes.

Las Federaciones de Hostelería catalanas están desesperadas por la falta de coherencia y ayudas que reciben por parte de la administración. No hay que olvidar que la mayoría de propietarios de estos negocios son autónomos o empresas familiares sometidos a una gran inestabilidad que no saben qué ingresos tendrán las próximas semanas y meses.

El último capítulo de la indignación ha sido la crítica que hacen las asociaciones hosteleras por la ineficacia de las prestaciones del Estado por cese de actividad dirigidas a autónomos del sector de la restauración. Los bares y restaurantes catalanes no pueden acogerse a esta prestación porque como la Generalitat no decretó el cierre total y daba la opción de ofrecer delivery no se les permite combinar el servicio a domicilio -que no les compensa económicamente- con el cobro de la prestación.

Lejos queda el modelo francés de apoyo al sector de la hostelería con ayudas directas a los negocios en función de los empleados de cada establecimiento. Cuando se decretó el confinamiento en Francia anunciaron un fondo de 10.000 millones para soportar el impacto de los cierres de la restauración.

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