La crisis financiera de Thomas Cook puede afectar a decenas de miles de clientes y a multitud de empresas turísticas que trabajan con él. El operador británico juega con ello para conseguir que los bancos acreedores y gobierno les saque las castañas del fuego.

La situación es crítica también para el futuro ya que las agencias y los turistas tendrán serias dudas sobre la solvencia de Thomas Cook. Los proveedores pueden decidir no correr riesgos evitando trabajar con el operador y los clientes también pueden evitar reservar viajes con ellos.
Aviación Civil y el gobierno británico tienen preparados los planes de contingencia para repatriar a los clientes de Thomas Cook de sus destinos tras la quiebra. Podrían ser entre 150 y 200 mil turistas. Este es un factor de presión sobre el gobierno que podría intervenir presionando a los bancos acreedores, algunos con participación pública, para que suavicen sus exigencias.

Ahora proveedores y trabajadores necesitan claridad sobre el futuro de Thomas Cook. Cuanto antes mejor. Algunas informaciones hablan de hoteles que no quieren pillarse los dedos y están forzando a los clientes del operador a pagar la factura de la estancia sin esperar a la liquidación de Thomas Cook. Esta práctica, claramente abusiva e ilegal, indica los nervios e incertidumbre que está generando la propia compañía con sus comunicaciones públicas.
La compañía tiene 178 años de historia y es una de las más antiguas de Gran Bretaña. Cuenta con 9.000 empleados y su marca ha sido un referente por su reputación empresarial. Es el tercer operador turístico más grande del Reino Unido.



