Consumo colaborativo, la nueva amenaza del sector turístico

Las empresas turísticas son empresas de servicios y desde la aparición de las plataformas P2P han visto como su negocio empieza a estar amenazado. Las webs de intercambio se han incorporado a la intermediación turística y el sector las considera competencia desleal.

Airbnb y Uber son dos ejemplos de plataformas que su actividad –reservas de habitaciones y servicio de taxi respectivamente- choca con la legislación vigente. Las administraciones se encuentran con unas fórmulas denominadas de consumo colaborativo que vulneran la legalidad pero que cuentan con una popularidad creciente. Desde la Comisión Europea piden a los países que estudien a fondo este fenómeno y adapten la legislación para regular y ordenar estas prácticas, sobre todo si hay ánimo de lucro.

El sector turístico es uno de los más afectados. Algunos estudios, como el realizado por Exceltur, ya destaca que las plataformas de intercambio están reduciendo la rentabilidad del alojamiento reglado, y pone como ejemplo la ciudad de Barcelona. Otro punto oscuro de la falta de regulación del P2P es la ausencia de garantías y responsabilidades tanto del que adquiere un servicio como del que lo presta. Así como la opacidad en la fiscalidad y la actividad económica que se realiza.

Existen plataformas de alquiler de habitaciones, de intercambio de casas o de billetes de avión, de arrendamiento de coches privados o de embarcaciones, de servicios de guía turístico, de actividades o experiencias turísticas y hasta para a cenar en casas de particulares. Sus defensores consideran estas comunidades un espacio de desarrollo de microemprendedores. Según un estudio de la consultora Nielsen, más de la mitad de los españoles estaría dispuesto a compartir o alquilar sus bienes a cambio de dinero y en concreto un 15% cedería su domicilio habitual.

Una de las primeras batallas legales establecidas contra las plataformas P2P se inició en Nueva York en 2010. La fiscalía general de NY abrió una guerra contra Airbnb por promocionar establecimientos de alojamiento ilegales. El fiscal determinó, en aquel momento, que hasta un 60% de la oferta de Airbnb estaba haciendo algo ilegal. Airbnb está valorada en 9.000 millones de dólares

Las plataformas colaborativas opinan que su actividad es un resultado de la evolución tecnológica y social y que sus prácticas han llegado para quedarse. “Los sectores cambian y los afectados tienen que entender que  deben aportar más valor a sus consumidores. El clásico diferenciarse o morir”, dice Pablo Foncillas, profesor de IESE. Para este profesor, “las normas no impedirán que estas empresas sigan desarrollándose y sin duda contribuyen al crecimiento económico y no tienen por qué ser peores opciones que las actuales”.

El World Economic Forum ya ha realizado su valoración sobre la economía colaborativa a nivel global. Según sus cálculos, las transacciones generadas a través de este ámbito asciende a 260 mil millones de euros.

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